
Todos sabemos que el dinero no compra la felicidad, pero pocos se dan cuenta de que la simple gratitud nos hace felices. Cuando una persona agradece a quienes ha conocido en la vida, por todo lo que tiene, su corazón se llena de una felicidad que no se encuentra en la acumulación de bienes materiales.
La gratitud es una afirmación de la bondad: al tratar a todos y a todo con gratitud, proclamamos que hay bondad en el mundo, que las personas amables y buenas forman parte de nuestras vidas. Si nuestros corazones están llenos de gratitud, no significa que todo en la vida sea perfecto; significa que vemos la vida en su conjunto y aceptamos con gratitud todo lo bueno que sucede. Nuestra gratitud se convierte en la base para apoyar a nuestros seres queridos y nuestra propia felicidad; nos sentimos más inclinados a complacer a amigos y familiares.
Cuando una persona es feliz, espontáneamente hace algo bueno por los demás, algún pequeño gesto que siempre resulta agradable. Gradualmente, comenzamos a ser amables incluso con desconocidos. A la gente le gusta que alguien comparta amabilidad. Por lo tanto, la felicidad se convierte en un imán; incluso las primeras personas que conocemos se sienten atraídas hacia nosotros, y nuestro número de amigos crece. Nada produce tanta satisfacción como la gratitud por nuestra vida, por la vida de quienes nos rodean, por lo que tenemos, por el amor de Dios. No olvidemos que la gratitud no nace de la felicidad, sino que de la gratitud surge la felicidad.
saludos
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